viernes, 25 de octubre de 2013

BRASIL: PETROLEROS INTENTAN DERROTAR LA PRIVATIZACIÓN Y AVANZAN EN LA ORGANIZACIÓN

Desde las 23 horas del 16/10 hasta el día 23 y 24 según la unidad los petroleros hicieron la mayor huelga desde 1995. Una huelga política que paró todas las refinerías y prácticamente todas las terminales y plataformas. Los petroleros no compraron el discurso de Dilma, Lula y el PT de que la licitación del campo de Libra no sería una privatización. Vimos también a varios tercerizados haciendo huelga conjuntamente o expresando ese deseo, entendiendo la importancia de luchar por esa demanda. Este sector conoció bien las amenazas de privatización durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso (FHC) y, atento a la repetición de esa película, no se limitó a llorar decepcionado por las ilusiones que depositaron en el gobierno del PT y salió a luchar. Una lucha que no fue llevada hasta sus últimas consecuencias por las direcciones sindicales pero que marcó un despertar a la lucha política y a la huelga de miles de petroleros.
La FUP (Federación Única de Petroleros) después de callar durante años frente a las subastas sin impulsar una sola manifestación, a lo sumo enviando a un dirigente a algún acto, decidió ya no quedando más tiempo, realizar esta huelga y centrarla en esta campaña. A pesar de que la FUP es parte de la CUT y por lo tanto apoya al gobierno de Dilma y al PT, la afronta que significa esta privatización hizo que efectivamente esta federación, ligada por miles de lazos a la dirección capitalista de la empresa, vaya a la huelga e incluso recurra a métodos combativos como piquetes y bloqueos. Si la FUP no lo hubiese hecho, corría el riesgo de que los petroleros hicieran la huelga en contra de la Federación. Es una muestra de que el alineamiento de la burocracia sindical con “su” gobierno no es automático, sino que ella también necesita preservarse y mostrar a la base que puede luchar. Sin embargo, a pesar de las divisiones en los sindicatos de la FUP (como en Caxias) o de la propia Federación, cuando se trata de aprobar rápidamente un acuerdo, desarmar la huelga e impedir que avance el cuestionamiento al gobierno, actúan todos al unísono. La FUP entró al movimiento, hizo huelga, piquetes, pero no movió todas su fuerza para que la lucha contra la licitación fuese una causa nacional. No exigió nada a la CUT, ningún acto de solidaridad, ningún atraso, paralización junto a los petroleros. La lucha no fue más contundente y no significó un riesgo mayor para el gobierno porque la FUP y la CUT no quisieron enfrentarse fuera de las puertas de Petrobras. No se realizó ni una mínima tentativa de unificar la lucha de los petroleros con la de los docentes de Río.
La FNP (Federación Nacional de Petroleros) [1] originada de una ruptura de la FUP, intenta ubicarse como alternativa de oposición frente a la federación oficialista. Contando con 5 sindicatos que no tienen el peso de los de la FUP, construyó una fuerte campaña por “el petróleo tiene que ser nuestro”, pero en forma despegada de su base. La poca confianza tras tantas huelgas no preparadas por la FUP puso a la FNP a la retaguardia en este último proceso, esperando mayores movimientos en otras bases. Esto llevó a que muchas de sus bases el movimiento tengan poca o ninguna expresión durante los varios días de huelga. Esta división debilitó al movimiento de conjunto y ya de entrada limitó cualquier posibilidad de que la FNP aparezca como una alternativa de dirección. La demora para entrar a la huelga en refinerías estratégicas como la de Cubatão, dirigida por la FNP, le dio argumentos a la FUP y debilitó al movimiento de conjunto.
Una nueva generación de huelguistas marcada por junio
Es importante destacar algunos factores subjetivos que hicieron de esta huelga algo tan especial. Como el crecimiento de un activismo en las bases protagonizado en su mayoría por jóvenes. Como Petrobras, tras muchos años sin concursos (de ingreso), posee un abismo de generaciones, esos jóvenes que entraron en la empresa a partir de 2003 no cargan en sus espaldas el peso de la construcción y decepción con el PT, combinados con un gran período de descreimiento sindical de la última década de lulismo. Parte de esta juventud estaban en las calles en junio o fueron muy sensibles a las demandas de las calles y a las manifestaciones. Eso hizo que la generación más antigua no solo se sienta presionada a adherir al movimiento sino que vean encenderse nuevamente la esperanza en el poder de la clase trabajadora, contagiada por la fuerza de la “nueva generación petrolera”.
Pusimos en movimiento nuestra fuerza política y avanzamos menos de lo que podríamos debido a la FUP
La empresa avanzó en sus propuestas, pero nada a la altura de la huelga. Sin embargo, la FUP ya indicó aceptación y suspendió la huelga en sus bases. Esta práctica ya es rutina. Las bases de la FNP, por su lado, se ven presionadas a aceptar. Logramos el aumento salarial cercano al de otros sectores, el compromiso de Petrobras de exigir a las empresas tercerizadas un fondo de reserva para evitar las frecuentes estafas, plan de salud para los jubilados de la subsidiaria Transpetro y el pago de la mitad de los días de huelga y la compensación del restante con horas trabajadas. Sin embargo tenemos claro que podríamos haber tenido más demandas atendidas y eliminado el castigo ejercido por la empresa sobre los días de huelga. A diferencia de la batalla de la subasta, que los petroleros encararon solamente como un ensayo de fuerza y sin superar a la dirección, los elementos económicos y sociales de esta huelga no terminaron en una derrota sino que sus conquistas fueron limitadas por la dirección de la FUP y por la falta de alternativa de dirección que no fue la FNP.
Si en la lucha política la FUP impidió que la lucha superara y se tornara una causa nacional, en otras pautas impidió su avance y quiso levantar la huelga aun con este castigo a los huelguistas que significa reponer las horas de huelga. De norte a sur del país, en tanto, más del 30% de los petroleros rechazaron la propuesta. Entre los que la rechazaron era marcado el peso de los jóvenes que había participado en los piquetes.
La militancia clasista y democrática puede hacer la diferencia en las bases petroleras
Como trabajamos en terminales diferentes, aunque en el mismo Estado, estamos también en sindicatos diferentes, con dirección de la FUP en un caso y de la FNP en el otro. Eso fue esencial para medir la actuación de las Federaciones y desde el comienzo hemos tenido una buena caracterización del escenario. Gracias también a esa diferencia fue posible que quien trabaja en la base de la FNP pudiese trasmitir sobre el curso y la fuerza de la huelga en las bases de la FUP y convencer a los compañeros de la necesidad de preparación de la huelga, y así disminuir la diferencia inicial entre las tácticas de huelga de las Federaciones (la FNP quería huelga por 24 horas mientras la FUP votaba huelga indefinida).
La actuación en las asambleas denunciando el remate y al gobierno de Dilma, la tercerización y planteando desde una perspectiva clasista cómo deberíamos enfocar esta huelga, hizo que muchos de los que nos oían nos viesen como referentes y se hicieran eco de nuestras ideas. En especial, en la terminal del TABG (Terminal Aquaviario de la Bahía de Guanabara), donde hubo un gran activismo protagonizado por una juventud proveniente de las escuelas técnicas, donde se despertó un gran espíritu colectivo que hizo que diversos trabajadores discutiesen el rumbo político de la huelga diariamente; que fuesen en los días de descanso, todas las mañanas, a las asambleas no sólo a votar sino a plantear las discusiones previas al sindicato y despertando la conciencia de la necesidad de una comisión de base con delegados electos. Esta política se expresó en la votación de delegados con mandato de asambleas del TABG para cada negociación con la empresa. Este método poco utilizado por las direcciones sindicales resurgió en nuestra terminal y junto a la comisión de base expresan grandes avances organizativos y en la conciencia de los trabajadores.
Nuestra política se expresó cuando muchos que nunca habían ido a una manifestación permanecieron, aún en medio de bombas de gas y balas de gomas, en el acto contra la subasta, formando un bloque de petroleros en huelga.
En las asambleas de la TAGB y de Caxias (REDUC, TECAM y Termorio) destacamos la creación de un fondo de reserva para las empresas contratadas. Aun sabiendo que esta consigna está todavía lejos de la defensa de la efectivización de los tercerizados, entendemos que levantar estas demandas desde las bases hizo que en las reuniones de negociación esta reivindicación fuese tomada con mayor peso por los sindicatos. Sentimos que esta conquista, aunque parcial, es en primer lugar resultado de varias huelgas protagonizadas por los tercerizados, por cada petrolero que levanta esta demanda pero también nuestra, por plantear esta cláusula como condicionante a las negociaciones en estas dos importantes bases.
Debido al gran número de tercerizados en esta empresa (casi 5 tercerizados por cada efectivo, o 400 mil a 800 mil) vimos la enorme sensibilidad que los petroleros efectivos poseen en este tema. Aunque no levanten espontáneamente estas banderas, dan su apoyo cuando salimos en su defensa. La defensa de los tercerizados por los efectivos es un primer paso necesario del clasismo entre los petroleros.
Queremos contribuir a formar una nueva militancia petrolera que sea radicalmente democrática, organizada desde las bases pero que también sea clasista, que defienda a los tercerizados y los intereses de la clase trabajadora dentro y fuera de la empresa. Estamos seguros de que las nuevas generaciones impactadas por junio y los más experimentados trabajadores que se emocionaron con la voluntad de la juventud, construiremos juntos una nueva fuerza en este poderoso sector del movimiento obrero.

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