lunes, 30 de septiembre de 2013

Una Cruzada pa’ que no queden ni los polvos de los movimientos sociales en Chiapas

Gaspar Morquecho
El panorama de los llamados movimientos sociales en Chiapas se desliza entre los matices del gris al negro. Bueno pues… entre azul y buenas noches. Mmmmmh. Ya pues… Ta’ bueno... por allá, digamos, muy a lo lejos se ve un tenue, muy tenue resplandor. ¿Qué será?
Cuando hablo de los movimientos sociales en Chiapas me refiero a ese destartalado abanico de agrupaciones que se pretendieron alternativas, democráticas e independientes del Estado burgués mexicano. Organizaciones que se crearon y desplegaron en la década de 1970 en algunos municipios y regiones de la entidad. Algunas hicieron explícito el propósito de la “toma del poder” y el “cambio radical” del Sistema. La lucha se daba en torno a la tierra, por la libertad de los presos políticos y contra la represión. Las diferencias ideológico–políticas y soberanos sectarismos  evitaron las alianzas. Menos se podía pensar en la Unidad, a pesar de que en las innumerables jornadas de protesta se coreara: “El pueblo unido jamás será vencido”.
Otras, desde una perspectiva teológica, se proponían la “Construcción del Reino de Dios en la Tierra. En otro nivel había agrupaciones que demandaban respeto a sus derechos políticos y religiosos, las había reivindicativas y economicistas. Las más, apenas demandaban atención a sus necesidades inmediatas.
Las plataformas en las que se sostenían esas agrupaciones eran organizaciones y partidos políticos. En veces clandestinos, en veces abiertos; unos electoreros y otros no. Otra plataforma era la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas que con la “opción preferencial por los pobres” acompañó sendos procesos. Debajo del follaje de las montañas del Sureste Mexicano se andaba, calladito, el proceso político militar de las Fuerzas de Liberación Nacional. 
Durante el Sexenio de Carlos Salinas de Gortari se hizo evidente el agotamiento de los movimientos sociales y la estrategia Neoliberal mostró su eficacia. Desde la campaña electoral Salinas amarró “compromisos” en Chiapas, por ejemplo, con la ARIC Unión de Uniones y la OCEZ. Luego creó el Congreso Agrario Permanente (CAP), es decir, el aparato de control nacional de los movimientos sociales en el campo y para el marchanteo de recursos. La cara bonita del Liberalismo Social fue el Programa Nacional de Solidaridad (PRONASOL) “para dar más a los que menos tienen”.
El último evento de una alianza coyuntural de los movimientos sociales en Chiapas  -antes del levantamiento de 1994-, se dio en 1992 con la creación del Frente de Organizaciones Sociales de Chiapas (FOSCH) que movilizó, al menos, 15 personas el 12 de Octubre de ese año en San Cristóbal de Las Casas. Meses después, del FOSCH quedaba sólo el recuerdo.
El levantamiento armado del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional del 1 de enero de 1994, impulsó a los movimientos sociales a nivel nacional y en particular a los de Chiapas. El Estado mexicano no se cruzó de brazos y en la marcha elaboró una estrategia político-militar contrainsurgente para neutralizar,  aislar y en su caso aniquilar a la fuerza rebelde. Se alternaba la ocupación militar y el diálogo con el EZLN. Paralelamente el Estado creó el Consejo Estatal de Organizaciones Indígenas y Campesinas (CEOIC) para “atender” sus demandas. Con la derrota electoral de 1994, se hizo añicos  el proyecto de la Convención Nacional Democrática y se disolvió meses después. En diciembre de 1994, el EZLN lanzó la ofensiva militar de diciembre. En febrero de 1995, el Gobierno Federal lanzó su ofensiva militar y ocupó prácticamente todo el territorio zapatista.  En esas condiciones se llevaron a cabo la segunda ronda de diálogo entre las partes que concluyó con los acuerdos deshonrados por el Gobierno Federal.
En paralelo, las agrupaciones indígenas y campesinas “independientes” se reagruparon en la Asamblea Democrática Estatal del Pueblo Chiapaneco (ADEPCH) y el gobierno federal les mandó a Dante Delgado para “atender sus demandas”. La derrama de dinero fue abundante y la “independencia” fue a parar al drenaje de la oficina de la ADEPCH en Tuxtla Gutiérrez y, no pocas veces, en el caño de los burdeles. Dirigentes y bases de los movimientos sociales habían logrado lo que querían: atención y recursos. Además. La “recuperación de tierras” procuró que algunos de los líderes se hicieran de unos sus ranchitos. Si no era entonces ¿Cuándo? Vamos la rebatinga fue el signo de los tiempos. La descomposición de los movimientos por el  arrebato de los recursos desató el rompimiento de los existentes y la multiplicación de organizaciones indígenas y campesinas de todo tipo. Las fracturas le garantizaba a cada facción y a sus líderes el acceso a los recursos del Estado.
En una segunda etapa,  a la fragmentación y lucha por los recursos del Estado se sumó la disputa por las “carteras” en el Gobierno de la Alternancia, es decir, en el gobierno del ex priísta Pablo Salazar.  Más de un dirigente de los movimientos sociales y de los organismos no gubernamentales, ocuparon un puesto. Pablo Salazar, ex senador priísta y ex miembro de la Comisión de Concordia y Pacificación (COCOPA) estrechó la relación con el Obispo de San Cristóbal y su primer círculo. Galardonó a Andrés Aubry.
Fue en ese entonces cuando los “pablistas” de la Organización de Cafeticultores de Ocosingo (ORCAO), lanzó su primer ataque a las bases de apoyo en Moisés Gandhi. Desde la Secretaría de Gobierno de Chiapas se administraron los recursos que iban a parar a manos de las organizaciones sociales y de sus dirigentes.
Como quiera el gobierno de Pablo Salazar fue un respiro para los rebeldes que habían resistido la brutal campaña contrainsurgente de Zedillo, de Ruiz Ferro (Matanza de Acteal) y del Croqueta Albores (ataques a los Municipios Rebeldes Zapatistas). Pablo Salazar le pidió a Vicente Fox limitar su intervención en Chiapas. El EZLN, realizó sin mayores complicaciones la Marcha del Color de la Tierra. La Ley Indígena que aprobaron los representantes del PRI-PAN-PRD en el Congreso se ganó el repudio de los zapatistas. En Chiapas, la distancia de los movimientos sociales indígenas y campesinos con el EZLN se hizo enorme.
Con el gobierno del ladronzuelo de Juan Sabines Jr., la derrama de recursos a los movimientos y dirigentes sociales se prolongó y fue abundante. La Secretaría de Gobierno seguía repartiendo dinero. Nos cuentan que las dietas iban de 50 a 100 mil pesos mensuales, incluso, a dirigentes de poca monta. Otros hicieron su agosto. Nos cuentan que un tal Juan, dirigente de la ORCAO tiene un su ranchito de hartas hectáreas por allá por los rumbos de Tuxtla.
En la víspera del 40 Aniversario del Congreso Indígena y del 20 Aniversario de Levantamiento Armado del EZLN, Carlos Salinas de Gortari cabalga de nuevo. Como he dicho: Viene cabrón el Hijo de… Agualeguas. No viene por un sexenio. Viene a concluir su proyecto Neoliberal Conservador que echó a andar hace más de tres décadas, que se afinó en la Secretaría de Programación y Presupuesto (1982-1988) y que el EZLN descarriló en 1994. En el primer año de Peña Nieto, el Estado Neoliberal se amparó modificando la Ley de Amparo, creó un aparato político con el PRI, el PRD y el PAN: el Pacto por México. Ahí se toman los acuerdos que aprueba el Congreso. Así, cada una de las Reformas Estructurales contará con los votos necesarios  de la “representación de las mayorías”.
Si en el pasado el PRONASOL fue el programa estrella de Salinas. Ahora, con Peña Nieto, lo es la Cruzada Contra del Hambre. Como Salinas también viene a cobrar cuentas pendientes, el pasado 21 de enero de 2013,  Peña Nieto lanzó la Cruzada en el emblemático municipio de Las Margaritas, Chiapas. El Sub Marcos le dedicó una señal obscena. El 19 de abril, Peña Nieto regresó para iniciar la Cruzada en Navenchauc con el Programa Sin Hambre y se hizo acompañar del exitoso ex presidente brasileño Luiz Inácio da Lula Silva y de la señora Rosario Robles titular de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL). La estrategia de reclutamiento para la Cruzada es fenomenal.
Como sabemos, la señora Robles -que aspira a la presidencia de la República- fue militante del PRD y Jefa de Gobierno del Distrito Federal. En septiembre de 2003, Rosario Robles acompañó a Carlos Ahumada a Cuba para encontrarse con el entonces exiliado Carlos Salinas de Gortari. Cuando Salinas regresó a México la señora Robles lo visitaba a hurtadillas en su residencia. En una de esas, Carlos Salinas bajó su Banda Presidencial, la presentó sobre el pecho de la señora y le dijo: “Se le ve muy bien”.
En Chiapas, el coordinador estatal del Programa es Martín Longoria. Por supuesto, una persona cercana a Rosario Robles. En la década de 1970, Martín Longoria  era dirigente de una colonia  por allá en las faldas del Ajusco. Participó en el Frente Popular Independiente y en algún momento fue reclutado por la maoísta  Organización Revolucionaria Compañero (ORC) y se destacó en el Movimiento Urbano Popular. En la ORC -onde también yo milité-, Martín Longoria formaba parte de la facción de los Terceristas. Con los votos de su facción hicieron mayoría en el congreso extraordinario que llevó a la ORC, a disolverse en el PRD. Martín es un buen malabarista. Con una pata se paraba en el PRD; con otra en la Convergencia de Organismos no Gubernamentales para la democracia; y con una más, pivoteaba con la Iglesia. Con Javier Vargas desde Enlace y la Misión de Ocosingo en Chiapas. En 1994, junto con Mario Saucedo, Longoria me vino a ofrecer una diputación plurinominal del PRD. Al final él fue el diputado. Se involucró en la CND, luego optó por el proceso de la Aric Democrática e Independiente, apoyó la candidatura de Porfirio Encinos para la presidencia municipal de Ocosingo, luego para Secretario de Pueblos Indios (SEPI). Le fue bien con Pablo Salazar y mal con Juan Sabines Jr. Cuentan que en 2011 y 2012 tuvo serias limitaciones económicas. En resumen, Martín Longoria  tuvo  una larga trayectoria en las filas de la vieja izquierda, en el PRD y en las ONGs, conoce de las entrañas de la política nacional, sus facciones, conoce bastante bien las fuerzas que se mueven en las Cañadas de Ocosingo. Muy probablemente Martín propuso como coordinador  de La Cruzada Contra el Hambre en Ocosingo a un dirigente indígena de la comunidad de San Miguel de la Cañada de Patihuitz, de apellido Lorenzo. Para la ejecución del Programa, la tarea es crear Comités en cada comunidad.  Martín Longoria alardea tener “todo bajo control” en los Caracoles zapatistas. Interesante el nomadismo político de Martín Longoria: de la colonia popular del Ajusco, a la organización revolucionaria y al Movimiento Urbano Popular, luego su deslizamiento a la “democracia electoral” en el PRD y “Construcción de Ciudadanía” en las ONGs y su vínculos con la Iglesia para intervenir en Chiapas. Su participación en los “gobiernos de la alternancia” para aterrizar en 2012-2013 en el Proyecto Neoliberal Conservador del PRI-Salinas-Peña Nieto como coordinador estatal de la Cruzada contra el Hambre. 
Lo de los Comités por Comunidad es interesante y otra de las genialidades de la estrategia de la Cruzada. Anula a las organizaciones sociales que se han convertido en un fardo de conflictos. No son nada para la Cruzada y las coloca en serio peligro de extinción. Veamos: de una Central Independiente de Obreros Agrícola y Campesinos ahora tenemos cinco. De una Aric Unión de Uniones, ahora tenemos seis. De una OCEZ, me cuentan que hay, al menos diez. Solo en el municipio de Venustiano Carranza hay tres facciones. La lista de agrupaciones en Chiapas es enorme como también la de los organismos no gubernamentales. Por lo general enfrentadas, confrontadas y la gran mayoría en un estado de corrupción irreversible. Son tres décadas sin brújula, de crisis internas.
Es muy probable que la bolsa para el apoyo/control a las organizaciones sociales y a sus dirigentes se vaya achicando para que mueran de inanición mientras la Cruzada construye su propia estructura con los Comités Comunitarios, a través de los cuales, se canalizarán los recursos de los programas sin que los restos de las “organizaciones sociales” puedan intervenir. 
Pronto ni sus polvos veremos.
Es muy probable que desde la perspectiva de Martín Longoria la Cruzada sea un servicio para la paz en Chiapas. Es muy probable que estemos frente a la etapa terminal de los movimientos y organizaciones sociales que se forjaron en la década de 1970.
Les digo que no hay que menospreciar al enemigo.
P.D. Con el deseo de que el profe Patishtán mejore en su salud y pronto lo veamos en libertad. 
P.D. Con el deseo de que los Príncipes de la Iglesia resuelvan sus diferencias por el bien de sus fieles.
P.D.  Que baja las expectativas: “El 88.9% de los encuestados por GCE están de acuerdo en que los profesores deben ser evaluados, de los cuales 75.2% están “muy de acuerdo”.
Según la encuesta de BGC Beltrán y Asociados, “82% no apoyó los movimientos magisteriales en contra de la reforma educativa”.
P.D. Tenía 8 años cuando aquel movimiento magisterial de 1958. Recuerdo que después de unos meses de huelga, llamaron a ir a las escuelas porque se “reiniciarían las clases”. Un montón de chamacos y sus padres nos arremolinamos a la entrada. En eso un trabajador de Departamento del Distrito Federal, vestido de gris y con casco blanco, saltó la reja y con un martillo rompió el candado y la Huelga. Hace 55 años de eso. Más de medio siglo y la gran mayoría de los profesores no han querido democratizar el SNTE. La gran mayoría de los trabajadores fabriles o no, siguen sin democratizar sus sindicatos.
P.D. A lo mejor notaron que viajamos en el Cabús de la Historia.

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