miércoles, 25 de septiembre de 2013

La escuelita zapatista: enseñanzas para el mundo (desde lo pequeño y cotidiano se transforma)

Escrito por  Jesús Aldabi Olvera

La Realidad-La Garrucha, Chis. (apro).- Esta vez fue al revés. Contrario a lo hecho durante La Otra Campaña en 2006, cuando el Subcomandante Marcos recorrió el país escuchando las experiencias de distintos movimientos y personas, ahora los zapatistas decidieron invitar a “alumnos” de todo el mundo para exponer la forma en que construyen su autonomía.

Para refrendar la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, texto con el que abren su “lucha contra el neoliberalismo” a nivel internacional –y después de la movilización del 21 de diciembre de 2012, en la que marcharon más de 40 mil bases de apoyo en cinco ciudades de Chiapas–, los zapatistas recibieron a más de mil 700 personas de los cinco continentes.

“Que yo sepa es la primera vez que una comunidad indígena en el mundo decide compartir su sabiduría; o sea, ponerse en el rol de maestros ante el resto del mundo”, cuenta Alex Campos García, nacido en España y creador del proyecto Miradas Nómadas.

“Fue una vuelta de moneda al colonialismo e incluso al postcolonialismo”, detalla.

El pasado 16 de agosto, Jean Robert, sociólogo inglés invitado también a la Escuelita Zapatista, dijo en entrevista con Promedios, agencia de “medios libres” en Chiapas, que ante la crisis que sufre la sociedad industrial desde 2008, hay voces que dicen: “A ver lo que nos pueden decir los indígenas porque tienen formas de organización de las cuales la sociedad en grande podría aprender”.

Alumnos de universidades como Oxford, Cambridge, La Sorbona, Berkeley, Stanford, Chicago, Yale y Harvard, así como de países como Sri Lanka, India, Australia y Nueva Zelanda, destacaron los avances de los zapatistas desde que se levantaron en armas en 1994, como cooperativas de ganado, artesanías y café, además de que en cada pueblo han establecido escuelas, así como 12 clínicas y dos hospitales.

El transporte a las comunidades para asistir al curso de La Escuelita –del 12 al 16 de agosto– fue gratuito, igual que la comida, los materiales (cinco cuadernos para las materias de Gobierno Autónomo, Gobierno de las Mujeres, Resistencia) y dos DVD.

El primero y el último día de las actividades se realizaron en Los Caracoles, centro político zapatista que agrupa a municipios y comunidades y que este 2013 cumple 10 años de funcionamiento. Los días intermedios fueron compartidos en otras comunidades.

“La Escuelita Zapatista es de un valor y una humildad increíbles”, dice Alex, e invita a quien quiera venir “a aprender lo que la sabiduría indígena puede hacer”.

En la comunidad de La Garrucha se desarrollaron sesiones de preguntas y respuestas. Alex Campos preguntó a uno de los profesores que exponía el tema “gobierno colectivo”.

“¿Qué pasa cuando hay un disenso?

“Lo hablamos, lo vamos tratando, vamos convenciendo a la persona y también la escuchamos hasta que salga un acuerdo. No le imponemos nada. Le llegamos con un acuerdo”, contestó el profesor.

En una de las sesiones, el “compañero Ramón”, del poblado Patria Nueva del municipio Ricardo Flores Magón, sacó un rotafolio donde explicó lo que es un gobierno colectivo. Detalló las funciones organizativas de las comunidades zapatistas, los consejos autónomos y la agrupación de los 30 municipios zapatistas en cinco caracoles regidos por las Juntas de Buen Gobierno.

También informó sobre de la rendición de cuentas semestral, la coordinación y los comités de temas como salud y educación.

En la parte superior del papel se leía la nota “pueblos zapatistas”. “Porque el pueblo es el que trabaja, decide y piensa”, explicó.

También hubo interés sobre el papel de las mujeres en el EZLN. Durante las sesiones en las que se trataron distintos asuntos se habló de la Ley Revolucionaria de las Mujeres, promulgada en 1993, así como de su participación proporcional en las Juntas de Buen Gobierno como promotoras de salud, educación e impartición de justicia.

Con los pueblos del mundo

No es la primera vez que los zapatistas abren su territorio a personas de origen extranjero. Desde el 27 de agosto de 1995, cuando hubo un proceso de negociación, pero también uno de paramilitarización del gobierno de Ernesto Zedillo, los zapatistas lanzaron el primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y Contra el Neoliberalismo.

Desde entonces han impulsado iniciativas no sólo para México, sino para el mundo, entre las que destacan la conformación de los caracoles en 2003, el lanzamiento de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona en 2005 y los Encuentros de los Pueblos Zapatistas con los Pueblos del Mundo en 2006, 2007 y 2008.

Rodrigo Tornero, integrante de la radio comunitaria La Tribu y originario de la Patagonia, un territorio mapuche que describe como asediado por la especulación inmobiliaria, el monocultivo y la explotación de minería a cielo abierto, explica que la Escuelita Zapatista fue el mayor espacio de formación política conocido por los movimientos sociales de América Latina.

“Pero lo que es realmente transformador y novedoso tiene que ver con el qué y el cómo de esta Escuelita”, comenta.

Cada uno de los alumnos tuvo un votán (guardián en tzeltal) que lo acompañaba y cuidada en todo momento, y a los alumnos, además de escuchar a los maestros de la zona, les tocó sembrar maíz y frijol, y recoger caracoles de los ríos.

Algunos extranjeros que con dificultad hablaban el español, aprendieron palabras en tzeltal, chol, mame, zoque, tojolabal y tzotzil.

Vilma Almendra, indígena Nasa-Misak, del suroccidente colombiano, quien formó parte de la agencia de medios alternativos Tejido de Comunicación ACIN, cuenta cómo vio a hombres y mujeres no sólo participar en los quehaceres de la casa y el cuidado de los hijos, sino también en las tareas de gobierno.

“La Escuelita Zapatista no fue el aula donde un profesor nos hizo repetir y repetir la lección, sino el territorio que nos recibió y la comunidad que nos acogió”, cuenta.

Miriam Michel, de la Unión Sindical Solidaria de Francia, confiesa que su organización fue invitada después de la visita que una delegación sindical realizó en 2012. Y señala que la serie de los trabajos colectivos que experimentaron durante la escuelita es un ejemplo que puede compartirse en Francia, “donde –dice– reina el individualismo y donde la mayoría de las personas están demasiado desilusionadas para invertir en un proceso de cambio”.

Después de trabajar el campo, hacer la comida y ver cómo se organiza el gobierno, ella y sus acompañantes buscarán instrumentar mecanismos de autonomía en su unión sindical, además de promover el modelo de organización zapatista en el mundo.

Según Michele, los ejemplos de los levantamientos populares en Europa o de la Primavera Árabe que derivaron en elecciones partidistas han terminado en golpes de Estado, como el ocurrido en Egipto el pasado 3 de julio o el avance en las votaciones de los partidos de ultraderecha en Grecia.

Alex, por su parte, relata que ha estado en diferentes movimientos sociales –de ocupación de Madrid, de precariedad en Lisboa, en el 15M–, pero asegura que le tiene más fe al zapatismo. “Es la posible solución porque muchos pueblos y movimientos piden cosas al gobierno y lo único que ganamos son palos o limosnas. Y eso en todo el mundo”, denuncia.

El español opina que plantando maíz está haciendo el cambio día a día, pues las transformaciones sociales, añade, no están sólo en las grandes manifestaciones visibles como las de la Europa indignada.

Tornero, quien recuerda cómo durante la crisis argentina de 2001 la gente gritaba “que se vayan todos”, y la movilización generó asambleas barriales y comedores populares, manifiesta que entendió lo que era la Escuelita Zapatista al volver de la milpa, donde cosechó el alimento junto a los indígenas tzeltales.

“No habíamos comprado nada y estábamos felices compartiendo”, recuerda.

“Pienso que no hay modelos replicables, pero sí horizontes compartidos. Siento que desde lo pequeño y cotidiano se transforma”, apunta.

Vilma Almendra comenta: “Aprendimos en cada tortilla y frijol que nos comimos; en cada limonada que nos calmó la sed; en cada elote que nos ahuyentó el hambre; en cada baño que disfrutamos; en cada trabajo colectivo en el que participamos; en cada día y noche que nos acompañamos; en cada lectura, intercambio, palabra y pensamiento que cruzamos con las familias zapatistas”.