martes, 23 de julio de 2013

Guatemala: La reorganización de los pueblos indígenas “desde abajo y a la izquierda” como dicen los hermanos Maya de México


El delito más grande de todo pueblo indígena es defender sus derechos y a la Madre Tierra (Día de la Dignidad Indígena en Guatemala)


Valentina Valle
ALAI, América Latina en Movimiento
Guatemala, 2013-07-23

En el patio del Museo Maya Tz’utujil de San Pedro la Laguna, el sagrado fuego ya estaba ardiendo desde hace una media hora cuando los primeros rayos de sol aparecieron detrás del cerro. La doña de la casa frente al Museo nos miraba asombrada desde su balcón, no podía creer que no era una borrachera turística a despertarla sino una ceremonia Maya llevada a cabo por autoridades ancestrales provenientes de las cuatro regiones del país. Desde el 15 al 17 de julio, de hecho, en esta pequeña comunidad Maya Tz’utujil del Lago de Atitlán tuvo lugar la Asamblea Nacional del Gran Consejo Nacional de Autoridades Ancestrales Maya, Garifuna y Xinka de Ixim Ulew. El objetivo indicado en la agenda del encuentro es “fortalecer la estructura organizativa desde los pueblos para la articulación y la búsqueda del camino para la liberación ante el Estado actual”. Un objetivo ambicioso, expresado con términos altisonantes, que pero en el discurso de abertura de la ceremonia, pronunciado por el guía espiritual Alberto Marroquín, se tradujo en el concepto sencillo de volver a sus tradiciones, a su autonomía, a su vida.

Desde Argentina hasta México, el discurso de los pueblos originarios es impresionantemente parecido, como impresionantemente parecido es el intento aplastador de cada uno de estos gobiernos hacía la población indígena. También Brasil, donde las políticas sociales de Lula y luego de Rousseff promulgaban a los cuatro vientos su atención a los sectores más débiles de la sociedad, se está demostrando dispuesto a atropellar los derechos más básicos del pueblo en favor de la organización de un evento tan lucrativo cuanto inútil como la Copa del Mundo. Desde los rincones más desconocidos de América Latina hasta las ciudades más populosas, la denuncia de los pueblos indígenas sigue siendo la misma: los Estados, todos los Estados, forman parte de un “plan de muerte global” que tiene como finalidad su desaparición. Porque por lo que queda del capitalismo, lo que se define ahora “capitalismo por despojo”, no hay enemigos más peligrosos de los que defienden sus tierras, aguas, mares y ríos, en otras palabras los que no están dispuestos a dejarse despojar y que, además, son los más numerosos. En un mundo donde las personas y las relaciones sociales ya no se pueden explotar más, sólo queda un puñado de recursos naturales para garantizar algunos años más de ganancia para los capitalistas. Y es una lástima que no se tomó en cuenta la gran verdad expresada por el ex-presidente español Aznar cuando en 2008 afirmó que “la ecología es el nuevo comunismo”. Tenía rotundamente razón y, a pesar que los dos términos no tengan nada que ver desde el punto de vista político, por supuesto ambos se destacan para su capacidad de incitar la ira y represión más feroces de sus opositores.

Un activista colombiano por los derechos humanos lo explicó muy bien en un convenio sobre los movimientos sociales que tuvo lugar el año pasado en Italia, cuando recordó la respuesta del general estadounidense Pace frente al Congreso de Estados Unidos. Cuestionado sobre los puntos de interés por la seguridad nacional norteamericana en el área de su competencia (Comando Sur), el general contestó: agua, oxigeno, petróleo, biodiversidad, extractivismo. Así que “en Colombia declararon guerra al pueblo” comentaba el luchador social “porque los Estados Unidos necesitan agua, oxigeno, petróleo, biodiversidad y minerales. Somos un país-producto”, continuaba citando el ecuatoriano Alberto Acosta, “existimos sólo para que otros puedan sacar nuestra riqueza. Nos hacen pobres para que podamos tener hambre y luego nos dicen que tenemos hambre porque somos pobres. Pero nuestros países ya no producen comida sino agrocombustibles para alimentar las autos del Norte”. El eco de estas palabras se escucha en los cuatro rincones de la Tierra, desde la India donde la joven escritora Arundhati Roy denuncia la tragedia de los campesinos de las regiones centrales, diezmados por su resistencia a entregar sus tierras a las empresas mineras y bajo a la excusa de pertenecer al grupo armado Naxalita, hasta Uruguay, donde Eduardo Galeano ya en los años Setenta reflexionaba sobre el desequilibrio de un sistema que “no ha previsto esta pequeña molestia: lo que sobra es gente (...) sin trabajo en el campo, donde el latifundio reina con sus gigantescos eriales, y sin trabajo en la ciudad, donde reinan las máquinas: el sistema vomita hombres” [1].

En el marco de esta política internacional de saqueo, despojo y ataque incondicionado hacía los pueblos en resistencia, que se manifiesta a través de planes de destrucción y muerte como el Plan Colombia, el Proyecto Mérida, el Plan Mesoamérica o el Plan Martillo, la respuesta de los pueblos varia de país a otro y, en Guatemala, la voz de los insumisos vuelve a levantarse después de más de un decenio de silencio, debido a treinta años de conflicto interno que sembraron muerte y terror entre campesinos e indígenas, los sectores más golpeados por un genocidio del cual todavía no se habla abiertamente.

En los tres días del encuentro, el planteamiento de cómo alcanzar una forma de autonomía para las comunidades indígenas fue expresado a viva voz por las autoridades ancestrales de todo el país, los pueblos Maya, Garifuna y Xinka siendo bien conscientes de los intentos neo-colonizadores que ya tienen en jaque a la economía nacional a través de los tratados de libre comercio y de la corrupción de la clase política a todos niveles y que ahora amenazan directamente a sus territorios.

Más en detalle, las autoridades del Norte destacaron las luchas que se están dando en su territorio por el cuidado del medio ambiente y la defensa del territorio, llevadas a cabo en la forma de rechazo a proyectos hidroeléctricos, defensa del Lago Chichó y del río Ixbolay, recuperación de las semillas criollas, oposición al monocultivo y al uso de agroquímicos, además de la constante batalla por el derecho a una educación bilingüe.

En la región Occidental las abuelas y abuelos denunciaron la criminalización de las luchas sociales que se oponen a los proyectos mineros en San Miguel Ixtahuacán y Sipacapa, a los hidroeléctricos en Huehuetenango, Barillas, San Mateo, Santa Eulalia, San Juan Ixcoy, Totonicapán, Sololá y Santiago Atitlán, además que la privatización de la educación bilingüe, el alto costo de la energía eléctrica y la militarización del territorio bajo a la excusa de la seguridad ciudadana. Con respecto al Oriente, la fuente de mayor preocupación resultó el proyecto del Corredor Tecnológico [2], seguido por la explotación minera, siendo el área muy rica en cobre, plata, níquel, uranio y tierras raras. Todos los municipios de la región - Izabal, Chiquimula, Jalapa, Jutiapa y Santa Rosa – resultan afectados por estas plagas, a las que se deben sumar la militarización del territorio y persecución de los activistas sociales. Una (mala)  suerte compartida por la región del Sur, donde los proyectos mineros e hidroeléctricos afectan a las comunidades de Patzún, San Juan Comalapa, Sumpango, San Juan Sacatepéquez, Palín, Escuintla, Santiago Sacatepéquez, San José Poaquil, Chuarrancho, San José del Golfo. Además, todas las problemáticas planteadas se deben considerar en el marco de la discriminación, desigualdad y racismo contra los indígenas que caracteriza la sociedad guatemalteca desde hace la colonización. 

Frente a esta situación, que nos reinstituye la fotografía de un país donde las profundas heridas de la guerra civil no sólo siguen abiertas sino constantemente alimentadas, las autoridades ancestrales de los pueblos originarios demostraron una gran fuerza de reacción y deseo de reorganizar sus comunidades “desde abajo y a la izquierda”, para utilizar unas palabras de los pueblos hermanos Maya de México. Y la determinación y voluntad de seguir luchando que se vieron en estos días, a pesar del cansancio debido a años de opresión, sugieren que la lucha por el respeto, la autonomía y los derechos de los pueblos indígenas de Guatemala llegará lejano, dando al mundo supuestamente desarrollado otra demostración del poder de la organización comunitaria, del valor de la espiritualidad ancestral y de la importancia de la relación con la naturaleza. 

 

[1] E. Galeano, Las venas abiertas de América Latina, Ed. Siglo XXI, México, séptima edición 2012.
 [2] El Corredor Tecnológico es un proyecto que busca unir las costas de Guatemala, Puerto Barrios, Izabal con San Luis Moyuta, Jutiapa y que consta de una carretera de 371km de extensión y cuatro carriles que uniría los puertos en los océanos Atlántico y Pacífico, un ferrocarril de carga, oleoductos y gasoductos interoceánicos, así como dos nuevos puertos y un aeropuerto.

 


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