martes, 23 de julio de 2013

Chiapas, México: los indios en la diversidad y preferencias sexuales (por Gaspar Morquecho)

Gaspar Morquecho
ALAI, América Latina en Movimiento
México, 2013-07-22

Hace días en Sancris de Las Casuchas me topé con un agente de pastoral. Hacía rato que no nos veíamos y pa’pronto empezó el güiri güiri.  Hablamos sobre los suicidios en la población indígena de Chiapas. El agente de pastoral asintió en que las cosas están muy complicadas en las comunidades. Hable de la crisis por la que pasa la “familia” y reviró con las siguientes preguntas: “¿Cuál familia? ¿Caso hay? Además tenemos frente a nosotros a las parejas de homosexuales y de lesbianas y la Iglesia no sabe que palabra dar. Es hora que el señor obispo no responde a esta realidad. Así no podemos hacer nada”, soltó sin más.

¡Anda cabrón! Me dije.

Era la primera vez que en los 34 años de estar en Los altos de Chiapas escuchaba de un agente de pastoral un comentario del tema tabú. De la diversidad y preferencias sexuales que se viven en las comunidades indígenas. Un tema tabú en la Iglesia, en la Diócesis de San Cristóbal. Como recordarán, en el encuentro de Catequistas de febrero pasado, los delegados tocaron los temas de la migración, el abandono de los niños, las madres solteras; la modernidad y la tecnología, la violencia en la familia, el alcoholismo. También aparecieron la drogadicción, la prostitución de las mujeres, el suicidio, el incesto pero no se mencionó el tema de la homosexualidad. Tema que había dejado en el tintero.

Hace uno dos o tres años, un grupo solidario con las Bases de Apoyo del EZLN hizo un calendario en el que aparecían varios aspectos de las comunidades zapatistas y personajes, entre otros: niñas y niños jugando, el Sub Marcos, la comandante Ramona y un hombre vestido con el atuendo de la mujer Pedrana. El ropaje era impecable y el rostro del tzotzil era de gozo. La imagen en ese calendario sirvió al grupo solidario para ilustrar la diversidad y libertades en las comunidades zapatistas. La fotografía fue tomada en el Municipio Autónomo Rebelde Zapatista de Polhó.

En una de tantas llegó Oscar a visitarme al difunto Mono de Papel. Un base de apoyo que se nació y se creció en Polhó. Charlamos y en una de esas, le mostré la foto del gay tzotzil y sonrió. Le pregunté cómo los llamaban y me dijo: Es un antzilón. Al parecer el antzilón vive con suficiente libertad su identidad étnica y homosexual. Me comentó que no son molestados y que “muchos hombres los buscaban”. Al parecer, los homosexuales tienen un su lugar en algunas comunidades indígenas.

A principios de la década de 1970,  conocí a Alux  en el paraje entonces conocido como Yalbá (Agua de tuza) del municipio de Huixtán. Como estudiantes de Arquitectura levantábamos un poblado en la zona urbana del Ejido. Cada semana, una familia era responsable de prepararnos los alimentos. En una de esas le tocó a Alux, un adulto coqueto, amable, dicharachero, bromista, juguetón, cantarín al hablar, que se contoneaba al caminar y con mucha habilidad cargaba con un rebozo a un pequeño sobre su espalda. Los alimentos que preparaba tenían rico sazón y nos presumió que en las fincas trabajaba como cocinero. Como se imaginarán no faltaron los comentarios machistas de los 3 chilangos. Claro, los hacíamos a la sorda. De sus compañeros en la comunidad jamás vimos una actitud excluyente, burlona o agresiva para Alux. Fue suficiente para que los chilangos aprendiéramos a ver a Alux con menos prejuicio.

Con el tiempo pude constatar que para buena parte de los urbanos el homosexualismo en el campo es inexistente e impensable en las comunidades indígenas. He escuchado de algunos activistas, con purismo radical y racista, que no hay campesinos ni indígenas homosexuales. Visto así, el homosexualismo lo dejaban para el ámbito urbano.      

¡Nada qué!

Hace unos 44 años que Roberto Laughlin, empezó su Molol Cholobil K’op ta Totz’lebEl gran diccionario tzotzil de San Lorenzo Zinacantán. En 1975 apareció en su versión  tzotzil–inglés e inglés- tzotzil. En 2009 apareció en su versión tzotzil–español y español– tzotzil. Edición de Sna Jtz’ibajom, Cultura de los indios mayas, A. C. 480 páginas tamaño carta. Para la realización de su obra se apoyó en dos zinacantecos, sus compadres Domingo de la Torre y Anselmo Pérez Pérez, en otros lingüistas y botánicos. Para la edición en español se apoyó en (ojo) el chilango Francisco Álvarez Quiñones. También ayudaron a la traducción el equipo de Sna Jtz’ibajom.  

En el gran diccionario encontré cómo los hombres murciélagos, según Laughlin y sus traductores, nombran a los homosexuales: Tutz (2), s. El homosexual, el mampo, el maricón, p. 323. (Con toda seguridad lo de mampo y maricón en la traducción  tuvo que ver más con el chilango de mi paisano).  Tutzin, adj. Cobarde, homosexual. Tutz también se traduce como:La oruga venenosa de Tierra Caliente y de Tierra Fría, p. 323. En tzotzil la mujer es Antz, p. 12.

Como vimos arriba, de acuerdo con Oscar, en San Pedro Chenalhó a los homosexuales se le dice Antzilón. De la misma forma les llaman en San Juan Chamula. Los tzeltales se refieran a los homosexuales como Antzwinik (hombre mujer) así me lo dijo una joven tzeltal de Chilón y un joven tzeltal de Taniperla, en las cañadas del municipio de Ocosingo. Según el joven tzeltal a las lesbianas les llaman Winikantz (mujer hombre).

De acuerdo a las versiones de los joven tzotzil de chamula y del tzeltal de Ocosingo, en sus comunidades el antzilón y el winikantz no son bien vistos, son maltratados y se ocultan. Otros se casan para evitar el rechazo. Otros se van. Sin embargo, comentó el joven tzeltal: “Me invitaron a ser padrino de fin de cursos en una comunidad y pude ver a un grupo de jóvenes (homosexuales) que se mostraban. No sabría decir si se trata de jóvenes desafiantes o de un caso de tolerancia en ese lugar”.  

En el libro Vidas vulnerables: hombres indígenas, diversidad sexual y VIH-SIDA, Guillermo Núñez hizo una aportación de cómo se construyen los factores de riesgo entre la población indígena homosexual. En su texto aparecen tres casos de indios de Chiapas.  

“Cha’an K’in es un indígena Chol de una comunidad cercana a Palenque, Chiapas. Él nos describe particularmente la sensación, constante en las cuatro historias de vida, de la discriminación indígena, porque se les dice indios patarrajadas, con coraje, aunque hablen bien español. Lo trágico es que este calificativo lo dice su primera maestra de primaria, la figura de autoridad e introducción al mundo occidental.

Mariano, indígena tzeltal de una ranchería cercana a Ocosingo, Chiapas, vive una infancia atroz de violencia y rechazo con su padre, por lo que en la pubertad elige la guerrilla del Ejército Zapatista, y en esta vida y su posterior desenlace en diferentes ciudades de México va describiendo su vida sexual, erótica, amorosa, amistosa, sensual y de riesgos con varios varones y, a la vez, con estudiantes universitarias de la institución en la que es guardia de seguridad. Descubre que la sexualidad no sólo son aventuras irresponsables, sino juegos eróticos donde el placer del cuerpo se complementa con la amistad, los momentos compartidos, el gusto de platicar, besarse, tocarse, con la viva alegría.

Este aspecto conviene resaltarlo porque la epidemiología clásica concibe la sexualidad sólo como un factor de riesgo. Las otras dos historias de vida, la de Humberto, indígena zoque de un pueblo que desaparece por la erupción del Chichonal, y Alex, indígena tzotzil, confluyen en similitudes  de pobreza, rechazo paterno y educación rígida, en discriminación a su idioma, su color de piel y su condición económica.

Incluso desde el mundo académico ya que, enfatiza el autor, dos supuestos ideológicos están detrás del silencio sobre la diversidad sexual entre la población indígena:

1) la consideración de que los indígenas están más cercanos a la naturaleza (supuesto racista), y

2) la consideración de que la sexualidad “natural” es la heterosexualidad (supuesto sexista). De ello deriva el prejuicio de que la homosexualidad entre los indígenas no existe o no es propia de su sociedad, sino una expresión decadente producto de la influencia ‘exterior’.

(…) Así, el autor se pregunta al inicio del texto: ¿por qué los varones jóvenes homosexuales indígenas migrantes presentan un riesgo de presentar VIH-SIDA cien veces mayor que los jóvenes urbanos de clase media con un nivel de escolaridad medio superior? Y lo que se responde es que esta mayor vulnerabilidad, tanto subjetiva como objetiva, es debida a la presencia –construida a lo largo de la vida– de estos cuatro factores de riesgo: varón joven, homosexual, indígena y migrante”.


En otro artículo, Núñez Noriega insiste en la invisibilidad de los indígenas en el tema del VIH-SIDA y el papel del racismo y heterosexismo.

 “Cuando algunos activistas indígenas y académicos que trabajan con el tema del VIH–Sida empezamos a demandar a algunos funcionarios del gobierno federal (del sexenio anterior) atención y políticas públicas en materia de VIH–Sida hacia pueblos indígenas nos enfrentamos, las más de las veces, con una mirada perpleja que decía mucho sobre una relación no pensada, ni siquiera imaginada, por ellos. (…)

Cuando les comentaba de mi investigación sobre la vulnerabilidad de pueblos indígenas al VIH–Sida contestaban con preguntas como: ‘¿A poco existe eso?’, ‘¿A poco el Sida también afecta a los indígenas?’, ‘¿A poco también les llega hasta allá?’. O con la sincera exclamación: ‘¡Fíjese, qué interesante, nunca me hubiera imaginado!’. Fue durante esas primeras experiencias de investigación que me surgió la pregunta: ¿Qué elementos ideológicos dificultan imaginar la relación entre indígenas y VIH–Sida?”


Esa invisibilización es visible en el libro Sexualidad y religión en Los Altos de Chiapas, de las académicas Walda Barrios y Leticia Pons. UNACH. 1995. Coordinadoras del Taller de Investigación sobre la Situación de la Mujer, Antzetik. Y militantes feministas.

En los cuestionarios aplicados a mujeres indígenas, tzotziles chamulas de San Juan y a las mujeres indígenas, tzotziles chamulas expulsadas urbanas y residentes en la ciudad de Las Casas se, les preguntó sobre la infancia, la adolescencia, vida sexual, la maternidad, educación de los hijos y la vida matrimonial. No hubo preguntas sobre las mujeres y hombres homosexuales y sus relaciones. Sin embargo, a las mujeres mestizas urbanas del Barrio de Guadalupe de la ciudad de San Cristóbal se les preguntó: 1. ¿Creé que sean pecado las relaciones sexuales entre hombre y hombre? 84 mujeres contestaron que sí, 16 que no y 3 que a veces. 2. ¿Creé usted que sean pecado las relacione sexuales entre mujer y mujer? 86 mujeres contestaron que sí, 14 que no y 3 que a veces.

Por lo demás el estudio de las militantes feministas, Walda y Leticia, es interesante y pionero.

Rodrigo Parrini, para hablar de la Masculinidad, biografía y nomadismo se sirve del caso de un indio zoque:

“Humberto es un indígena homosexual que narró su vida al antropólogo Guillermo Núñez. En su vida encontramos trazos de diversas determinaciones sociales que configuran su biografía. Es un indígena zoque que vive su infancia en comunidades indígenas de Chiapas, signadas por la pobreza y la diferencia cultural; luego, es un joven migrante en el mundo de los mestizos. Es un hombre que reconstruye su propia masculinidad a partir de los códigos culturales de su cultura y comunidad y de los que va conociendo y experimentando a lo largo de su vida en otros contextos. Es un indígena homosexual que intenta relacionarse con hombres gays blancos, que sienten por él atracción sexual y desprecio. Es un albañil en Veracruz que comparte con sus compañeros el acoso hacia las mujeres, un lenguaje erotizado y una sospecha permanente sobre su sexualidad, dada su persistente soltería. Es un hombre que vive tensionado subjetivamente por la raza, el género, la clase social y el deseo. En su biografía, todas estas determinaciones se cruzan y se condensan de maneras diversas, constituyendo un sujeto que no logra ubicarse claramente en ningún lugar: nunca es completamente gay, porque no comparte el estilo ni el nivel de vida que esa identidad supondría, tampoco es un hombre heterosexual porque no se casa ni tiene hijos; es un indígena que vive la cultura mestiza; es un pobre entre pobres que también dirimen políticas raciales y sexuales.

En este taller quisiera leer la historia de Humberto como una biografía masculina que permite reconocer la articulación de las determinaciones sociales mencionadas en la narración de una historia de vida. Esta historia narra la formación de una subjetividad masculina nómade, en muchos sentidos, que transita por mundos distintos sin que ninguno sea habitable de manera definitiva. Humberto siempre está partiendo desde sí mismo para regresar a sí. Su diferencia es motivo de un desarraigo radical que lo vuelve un nómade en su propio deseo, en su identidad y en su inscripción cultural”.


Un indio homosexual con suerte

Jaime Velasco Estrada, joven de 23 años, becario zoque del Programa Universitario México Nación Multicultural (PUMC), ganó el Premio Internacional de Narrativa de editorial Siglo XXI. Con el libro ¡Despierta ya!, de aproximadamente 120 cuartillas. En él explora, desde la llamada literatura homosexual, las diferentes facetas que afronta una pareja: el encuentro, la fascinación y, sobre todo la separación, fase a la que dedica la mayoría de sus párrafos. Jaime nació en Zacalapa, municipio de Copainalá, Chiapas.

“Los cuentos confeccionados por el estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) son una crónica de los acercamientos de Clímaco con Santiago, Diego, Jacob y otros hombres, los cuales funcionan a manera de muestrario de los diferentes tipos de encuentros y desencuentros que se dan entre personas que en algún momento pensaron que podían llevar una vida juntos, hasta que la realidad les demostró lo contrario.

(…) para Jaime, no es fútil pensar en la literatura; de hecho, ha sido una constante a lo largo de sus 23 años, pues sabe que su pasión por las letras dio a su vida un rumbo que ni él mismo anticipaba, pues las ganas de escribir lo hicieron dejar mucho, como su natal Chiapas, la carrera de ingeniero en Mecatrónica e incluso un monasterio salesiano, pues en algún momento consideró el sacerdocio”.

Homosexualidad tabú.

“Quién hoy en día es Jaime Velasco tiene mucho que ver con esto. Lejos de los estereotipos, afirma a la vez sus raíces zoque y su homosexualidad. Una identidad compleja, moderna, que todavía no está admitida completamente por su propia comunidad:Es un tema muy complejo. Aquí en la ciudad se ha hecho mucho más y yo parto desde ahí, pero todavía hay muchas cosas por lograr. Cómo indígena es aún más difícil, es todavía tabú casi. Cuando la gente lo sabe, a veces lo obvia, se buscan otros caminos. En mi comunidad, cuando se enteraron del premio fueron muy contentos y muy alagados y me han mostrado su apoyo pero del tema no me han hablado mucho’.

Entre tradición y modernidad, el camino de la tolerancia y de la multiculturalidad es toda vía largo. Ejemplos como el de Jaime o de los estudiantes del programa de becas permiten reflexionar sobre una concepción de los pueblos indígenas que se inscriba en la realidad contemporánea del México actual. Una tarea que sigue pendiente”.


¿Qué sabemos de las mujeres indígenas lesbianas? ¿Caso hay?

Apenas una mirada al Documento Central y Demandas de la 5ª Marcha Lésbica de México 2011.

        

En sus demandas aparece lo siguiente:

(...) La despenalización del aborto y su correcta aplicación por parte del estado, así como el derecho al matrimonio entre parejas del mismo sexo en todo el territorio mexicano, estos derechos no pueden ser el privilegio de una sola ciudad”.


Vamos a ver que me más platican las compañeras en Chiapas…