martes, 25 de junio de 2013

Oaxaca, México: En el Istmo, comunalidad para la defensa de la tierra, el territorio, el bien común y la naturaleza

por Carlos Manzo
Martes, 25 de junio de 2013
Las asambleas comunitarias constituyen la expresión organizativa de base por excelencia para la recuperación y fortalecimiento de las tierras. Son muchas las comunidades binnizá, ikoots, anpong, ayuuk, chontal y chinanteca que mantienen esta democracia directa.
Oaxaca, México. Dos importantes acciones que bien enmarcan el actual contexto de las luchas agrarias y en defensa del territorio de los pueblos indígenas en el Istmo de Tehuantepec (importante región pluricultural), una directa y otra jurídica, ocurrieron a inicios de junio en el Istmo de Tehuantepec: la detención de invasores a los Chimalapas y una denuncia contra la manipulación de contratos de arrendamiento de tierras en Unión Hidalgo.
Nuevamente la acción jurídica y la acción directa, en función de un objetivo lo más antineoliberal posible, desborda voluntades gubernamentales y empresariales y muestra evidentes contrastes en los resultados por la defensa de las tierras comunales. Las acciones corresponden, por un lado,  a la detención que los comuneros chimas hicieran de invasores de sus tierras en la zona oriente de Chimalapas y, por el otro, a un  recurso jurídico interpuesto por los comuneros de Unión Hidalgo contra la instalación de aerogeneradores por parte de la empresa prestanombres DEMEX en sus tierras comunales. En ambos casos, la prensa regional, salvo muy rara excepción, absorta en las campañas electorales locales, ignoró el verdadero significado de estas acciones dentro de las ya históricas luchas por la tierra en nuestra región.
CHIMALAPAS, DISPUTA POR LAS TIERRAS Y MADERAS
Los comuneros de la zona oriente, ubicados en la comunidad de Benito Juárez, municipio de San Miguel Chimalapas, Oaxaca, después de una prolongada asamblea tomaron el acuerdo de realizar un recorrido por el paraje invadido el pasado 9 de junio. Ahí detuvieron y trasladaron a su comunidad a siete campesinos indígenas tzotziles quienes, engañados  por finqueros caciques y madereros de Cintalapa, Chiapas, con el falso argumento de que se trata  de tierras nacionales, invadieron el territorio comunal de los chimalapas en el paraje conocido como Agua Fría. Los orígenes de este conflicto se remontan por lo menos a los años setentas, cuando de la misma zona fueron expulsadas varias empresas madereras (Sánchez Monroy) así como caciques ganaderos y madereros coludidos con los intereses de la ‘familia chiapaneca’, como Absalón Castellanos y su hermano Ernesto -quien en 1986 también fue detenido por comuneros chimas por invadir sus tierras.
En noviembre de 2011, el conflicto territorial en Chimalapas tomó nuevos bríos dada la invasión y detención del cacique Tito Luna, así como  el decreto del exgobernador Juan Sabines, relativo a la creación del nuevo municipio Belisario Domínguez en tierras comunales de los chimas. Al respecto, se encuentra en ciernes una controversia constitucional interpuesta por funcionarios del gobierno oaxaqueño que apela, más que al reconocimiento de la territorialidad indígena ancestral del pueblo zoque, al reconocimiento de los límites del estado de Oaxaca en su colindancia con Chiapas.
Ante la morosidad de las acciones jurídicas, la presión que representan las invasiones a su territorio y la depredación acelerada de sus recursos naturales, así como las irrefrenables acciones de caciques ganaderos y madereros, generalmente chiapanecos, los zoques de Chimalapas optaron en últimas décadas por la efectividad de la acción directa representada por la detención de los principales invasores a su territorio.
La detención de invasores se realizó un domingo por la mañana. Los infractores fueron trasladados a la comunidad de Benito Juárez, donde se les dio albergue y alimentos por un día, mientras se lograron acuerdos mínimos con los representantes del gobierno oaxaqueño. De acuerdo con los testimonios de los comuneros, no fue sino hasta 24 horas después de las detenciones que se  movilizó la policía estatal de Oaxaca en cuatro patrullas, con alrededor de 28 elementos, así como el ejército con sus efectivos apostados en el ejido Díaz Ordaz. Esta ofensiva armada pretendió introducirse hasta el sitio en que se encontraban los detenidos; sin embargo, la gente los esperó con escopetas y motosierras en las colinas que circundan los caminos, para evitar cualquier agresión contra la comunidad. El conocimiento de su territorio permitió a los comuneros chimas tomar diversas precauciones ante cualquier acción armada de las policías estatales de Oaxaca o Chiapas, así como por parte del ejército mexicano, que mantiene un destacamento permanente en el vecino ejido de Díaz Ordaz, a seis kilómetros de Benito Juárez.
En Benito Juárez se mantuvo a los cautivos hasta el establecimiento de una mesa de diálogo con funcionarios del gobierno estatal y un agente del ministerio público. A pesar de que los comuneros solicitaron la presencia de la secretaría de gobierno de Chiapas, únicamente estuvo la representación regional del gobierno oaxaqueño. En un supuesto diálogo, donde los funcionarios estatales no hicieron más que demostrar su ignorancia con relación a los antecedentes y naturaleza jurídica del conflicto agrario, se logró únicamente el restablecimiento de la mesa de diálogo que de por si tenían los chimas con el gobierno de Gabino Cué, que hasta la fecha está interrumpida.
Previo acuerdo de no reincidir en la invasión al territorio chima, los indígenas chiapanecos fueron absueltos por los comuneros zoques de la comunidad de Benito Juárez. Fue requisito para iniciar el diálogo y la negociación que los funcionarios entraran a la comunidad sin resguardo policiaco ni militar, para evitar situaciones como la de noviembre de 2011 en San Miguel, cuando comuneras y niños fueran gaseados y golpeados por la fuerza pública. En esta ocasión, en territorio chima de la zona oriente, la policía estatal y el ejército estuvieron en franca desventaja y se resignaron a observar el proceso del otro lado del puente que da  acceso a la comunidad. Lograr el restablecimiento de la mesa de diálogo entre chimas y el gobierno de Oaxaca fue un logro limitado, en opinión de muchos comuneros participantes en las acciones y el diálogo.
UNIÓN HIDALGO, LA COMUNIDAD VUELVE
En Unión Hidalgo, Oaxaca, municipio binnizá ubicado en la planicie costera, se reconstituye la comunalidad agraria a partir de la integración de  la Asamblea Comunal y el Comité de Bienes Comunales de  la subcomunidad agraria de los bienes comunales de Juchitán, amparados en los alcances jurídicos de la resolución presidencial de reconocimiento y titulación de dichos bienes, emitida en julio de 1964.
En últimos meses, los comuneros de Unión Hidalgo acordaron en sus reuniones evitar la instalación de parques eólicos en sus tierras comunales -como el Palmar, el Llano y los bosques de manglar- formulando denuncias ambientales y agrarias. El 13 de junio se presentó uno de estos recursos ante el Tribunal Unitario Agrario de Tuxtepec, en contra de la empresa Desarrollos Eólicos de México (DEMEX), que opera en Unión Hidalgo por lo menos desde el 2004 con contratos fraudulentos de arrendamiento en los que se basan diversas empresas para la instalación de parques eólicos en la zona.
A pesar de la supuesta efectividad de ambas acciones, la zona oriente de Chimalapas se sigue deforestando a pasos agigantados con la venia de los permisos expedidos por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) a favor de los caciques madereros chiapanecos. Mientras tanto, en la planicie costera del Pacífico, entre Unión Hidalgo y Juchitán, las empresas eólicas en menos de un mes colaron más de 200 bases de concreto, cada una de más de 400 toneladas, para nuevos aerogeneradores en los parques eólicos Bii Yooxho’ y Piedra Larga.
Layú xti guidxi es la expresión con la cual se reconoce en idioma diidxazá a las tierras comunales o tierras del pueblo. Las asambleas comunales y comunitarias constituyen hoy por hoy la expresión organizativa de base por excelencia, para la recuperación y fortalecimiento tanto de las tierras como de la comunalidad, la verdadera alternativa a la crisis político-organizativa que atraviesa el país y el mundo por las caducas formas de democracia representativa de los partidos políticos.
Afortunadamente son muchas las comunidades binnizá, ikoots, anpong, ayuuk, chontal y chinanteca, entre otras, que mantenemos en el Istmo estos ensayos de democracia directa. Debemos fomentar la multiplicación y permanencia de las formas organizativas asamblearias en barrios, comunidades, secciones, municipios, agencias y pueblos, en un proceso que puede derivar en aquella vieja utopía de nuestros ancestros en cuyo horizonte prevalece aún, redundantemente, el sueño por la autonomía regional del Istmo de Tehuantepec.