lunes, 25 de marzo de 2013

En Xochimilco quieren privatizar hasta a la muerte (por Adazahira Chávez / Desinformémonos)

lunes, 25 marzo
 
La producción local y el comercio, las bellezas naturales, los ríos y hasta la última morada de los xochimilcas están en riesgo de convertirse en bienes comerciales al servicio de quien pueda pagarlos, en vez de permanecer  –como ha sido por centenares de años- como patrimonio comunitario, señalaron los pobladores que se unieron a la caravana que recorrió cuatro pueblos de esta delegación para difundir información sobre estas problemáticas.
Los embates contra los bienes comunitarios materiales e inmateriales vienen por varios frentes, denuncian los habitantes inconformes: la imposición de un megacentro comercial Chedraui en el pueblo Santiago Tepalcatlalpan, la invasión de decisiones comunitarias por parte de los grupos partidistas, privatizaciones silenciosas de panteones, un megaproyecto ecoturístico en el pueblo San Gregorio Atlapulco, del que no han sido oficialmente informados, además de la contaminación de sus fuentes de agua, son algunas de las denuncias que se recogieron a lo largo de una caravana de información por cuatro pueblos de Xochimilco que organizaron decenas de pobladores: estudiantes, locatarios del mercado, campesinos, integrantes de círculos de estudios.
Los pobladores, que se reivindican como pueblos originarios –aunque, denuncian, desde el gobierno perredista de Andrés Manuel López Obrador se les dejó de considerar así- apelan al respeto de sus derechos colectivos y a la conciencia de los vecinos para detener la avalancha de proyectos. La caravana pasó el 23 de marzo por Santiago Tepalcatlalpan, Santa Cruz Xochitepec, Santa Cruz Acalpixca y San Gregorio Atlapulco –que, remarcan sus habitantes, posee títulos virreinales que lo acreditan como pueblo indígena. Los otros pueblos que conforman Xochimilco –además de los 18 barrios y 20 colonias- son Santa María Tepepan, San Mateo Xalpa, San Lorenzo Atemoaya, San Lucas Xochimanca, San Francisco Tlalnepantla, Santa María Nativitas, Santiago Tulyehualco, San Luis Tlaxialtemalco, San Andrés Ahuayucan y Santa Cecilia Tepetlapa.
Xochimilco, además de sus chinampas –estructuras de tierra ideadas desde tiempos precolombinos para ganar terreno a los canales y al lago-, famosas entre el turismo, es un territorio donde la identidad es todavía fuerte, señala Alberto Guerra, conocido entre los pobladores como El Profe. Las fiestas comunales son sumamente importantes, como la del Niñopá, aunque cada lugar tiene su santo.
Se guarda como parte de la identidad la memoria de la lucha revolucionaria zapatista: “Yo ya rescaté los nombres de más de cien zapatistas, estamos viendo qué hacemos pero sin que se meta el gobierno, porque nada más se aprovecha de estas cosas”. Guerra ha participado en las iniciativas del EZLN como la Convención Nacional Democrática y el Congreso Nacional Indígena. Aunque fue fundador del Partido de la Revolución Democrática (PRD), lo corrieron cuando le reclamó a Jesús Ortega su traición a todos pueblos indígenas del país al rechazar la firma de la Ley Cocopa, “porque indígenas no son nada más los de Chiapas o de Oaxaca, que no se les olvide”, señala con firmeza.
Un centro comercial ilegal y destructor
“Esta clausura se convertirá en real y definitiva”, proclama un orador durante el cierre simbólico de las obras para edificar un gigantesco Chedraui en la carretera a San Pablo, dentro del pueblo de Santiago. Los caravaneros sostienen mantas que dicen: “Alto al embate de las trasnacionales contra los pueblos indígenas”; volantean a automovilistas y transeúntes y gritan “No al Chedraui”, mientras los más pequeños se refugian del sol y un pequeño intento de provocación se desmonta cuando se descubre que el agresor no es originario de ninguno de los pueblos. Parece que ahí todos se conocen.
Los pobladores que realizaron la caravana señalan por lo menos menos cinco problemas que tiene la construcción de la tienda de autoservicio Chedraui, que de concretarse abarcaría 16 mil metros cuadrados de construcción.
Xochimilco, señala Felipe Rosas, de San Mateo Xalpa, se caracteriza por ser un lugar de productores de alimentos y comerciantes. Con la instalación del Chedraui, acusan los opositores, los característicos mercados locales de los pueblos de Xochimilco desaparecerían y, con ellos, las fuentes de ingresos de centenares de pobladores, tanto chinamperos como locatarios. “Acá todavía hay gente que producimos verdolaga, chiles, rabanitos, lo que se puede en la chinampa”, señala el ingeniero Ángel Guerra, veterano de las luchas indígenas en esta delegación.
Habitantes de los cuatro pueblos por los que atravesó la caravana coinciden en que sufren falta de agua, pese a que la zona surte del líquido al Distrito Federal. La mega tienda de autoservicio, lamentan los opositores, colapsará ese servicio, además del drenaje y el tráfico que ya se registra en la zona, pues la calle sobre la que se asentará es de solamente dos carriles.
Otro punto negativo es la ilegalidad de la obra, que –“como muchas construcciones del Distrito Federal”, acusa el volante repartido durante la caravana- no cuenta con los permisos suficientes para ser construida. Los habitantes se enteraron del proyecto hasta que vieron a los obreros y las máquinas trabajando, señala Juan Manuel. Fueron los trabajadores quienes les informaron lo que se construiría en su pueblo. El delegado primero negó tener conocimiento de la obra, y posteriormente la defendió alegando que los Chedraui también tienen derecho y que generarían empleos, informaron vecinos.
La Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi) concedió cambio de uso de suelo del lugar a mixto (habitacional y comercial) pero, señala Juan Manuel Pérez, por la gran área que abarca necesita más trámites, como presentar estudios de impacto ambiental y urbano, cosa que no ha sucedido.
La demolición de las instalaciones que existían anteriormente comenzó sin los permisos necesarios hace cuatro meses. Tras una manifestación vecinal se suspendió, pero hace un mes se reanudaron los trabajos sin licencia a la vista. El contubernio del gobierno delegacional se demuestra porque aunque los constructores pidieron permiso para 11 mil metros cuadrados, la delegación les otorgó el permiso para 16 mil, denuncian los vecinos; además, permite que la demolición avance sin permisos y promueve la división vecinal para apoyar a la empresa.
Francisco Luna, originario de Xochimilco, declara que por ser la zona Patrimonio Cultural de la Humanidad, no está permitido construir tiendas de autoservicio. Para burlar la prohibición, la autorización de cambio de uso de suelo asentó que se permite edificar una tienda departamental, a pesar de que Chedraui señala en su página de internet que su naturaleza es la de una tienda de autoservicio.
Otra afectación que temen los pobladores se refiere al cambio en la alimentación, ya que se inundaría la zona de productos chatarra y transgénicos, en vez de los alimentos que los mismos xochimilcas cultivan “y son orgánicos”, aclara un orador. También se señala que por cada empleo que genere el Chedraui –extenuante y con salario insuficiente, en caso de que sea pagado, precisan los opositores- se destruirán diez empleos locales.
El dueño de la cadena de autoservicios, Antonio Chedraui, entró este año a la lista Forbes de multimillonarios. Rosas señaló que “estamos hartos de que estos ricos sean cada vez más ricos, a costa del despojo a los pueblos, y que lo pobres seamos cada vez más pobres”.
Finalmente, señala un poblador, quien quiera comprar en ese tipo de tiendas puede ir a la vecina Villa Coapa, donde ya están instaladas.
Hasta los muertos…
Para los pobladores de los 14 pueblos de Xochimilco, la muerte es una etapa importante porque simboliza el paso al otro mundo. Se practican rituales para despedir al difunto que tienen como punto importante el “descanso”, una plataforma de mármol construida con trabajo comunitario donde se hace “el último rito”, señala Octavio Olvera, habitante de pueblo de Santiago.
En Xochimilco funcionan panteones generales, delegacionales y vecinales; el panteón vecinal de Santiago, comprado y edificado en más del 80 por ciento por trabajo comunitario, enfrenta un proceso de apropiación y privatización por parte de la delegación, aunque en teoría el manejo lo hace la comunidad.
Con la venia del Comité Vecinal –en el que se colocaron militantes y simpatizantes del Partido de la Revolución Democrática (PRD), que se negaron a entregar la administración a un nuevo comité elector por la asamblea-, las autoridades delegacionales quitaron la perpetuidad, por lo que ahora los difuntos sólo pueden estar siete años en su tumba; permitieron lotificaciones de mayor tamaño al permitido, alterando la igualdad de la que gozan los habitantes a la hora de su último reposo; venden espacios a personas no originarias, quienes son las que tienen derecho al panteón vecinal,  y realizan cobros dobles e indebidos a los familiares.
Olvera señala que este lento proceso de despojo, iniciado en 2007 y que alterará los ritos al tener que pedir permiso y porque se invaden áreas donde se realizaban, es solamente el comienzo pues van por los cementerios de todos los pueblos. Además es ilegal, pues “la norma 29 señala que la delegación no puede meter mano en la administración” y sabiéndolo, las autoridades invaden competencias de los habitantes.
Detrás de esto, señalan, está Uriel González Monzón, quien ya en su administración como delegado intentó privatizar los panteones y ahora está en la Secretaría de Obras de la delegación. Aunque es originario de Santiago, el funcionario “es una vergüenza, no respeta los usos y costumbres y ha destruido grupos de trabajo vecinales”, exclama Octavio Olvera.
En un recorrido de Desinformémonos por el panteón de Santiago ya se observan mausoleos de mayor tamaño que el establecido por los pobladores, que destacan por encima de las tumbas más sencillas donde están algunas familias conviviendo. También se le señala el lugar donde se ubican los nichos, construidos violando la Ley de Panteones pues no están sobre la barda, además de lugar “apartado” para González Monzón.
“Ya ni muertos nos van a dejar en paz estos ignorantes”, concluye Olvera.
El megaproyecto
Sin consulta o información previa, el gobierno del Distrito Federal planea un megacorredor turístico que comenzará en la delegación Tláhuac y llegará al pueblo San Gregorio Atlapulco, denuncian los vecinos. Sin revelar el origen de los papeles que muestran partes del proyecto dentro de tierras ejidales y chinampas, los pobladores señalan que se construiría un enorme acuario, una ciclopista, jardines flotantes y un museo.
Los opositores se preguntan a dónde irían a parar de consumarse este proyecto. “No es que no estemos de acuerdo con el desarrollo, pero sí queremos que sea de acuerdo con los usos y costumbres de acá”, precisa Francisco Luna.
La imposición de autoridades
Los oradores en cada pueblo denuncian que para facilitar la privatización de ámbitos públicos, las autoridades de la delegación Xochimilco se valen de imponer a personas afines en las Coordinaciones Territoriales, órganos de gobierno local que sustituyen al Municipio Libre, y cuyo representante se elige por voto directo. En el caso de los pueblos y barrios de Xochimilco, sustituyen a las asambleas y otras formas de elección tradicional de autoridades, señala el antropólogo Mario Olvera.
En las elecciones de 2013 la delegación se valió de la compra de votos, acusan los inconformes. Los vecinos de algunos pueblos se sintieron ofendidos (“y además nos pusieron a los peores”, acusa el doctor Benito Arriaga) y en Santiago Tepalcatlalpa y Santa Cruz Acalpixca se instalaron plantones de protesta. En Acalpixca los pobladores mantienen tomadas las instalaciones de la Coordinación, y una de las señoras, que durante la visita de Desinformémonos limpia pollo para la comida del plantón, señala que de por sí los coordinadores no hacen nada. “¿Por qué nos imponen coordinadores? Nosotros estamos acostumbrados a funcionar por comisiones”, agrega.
Los candidatos oficialistas, para intimidar a los inconformes, llegan a las elecciones con gente de los asentamientos irregulares en zonas protegidas de la demarcación, que ellos mismos promueven y protegen, acusan los pobladores. No saben muy bien en qué quedará todo, pero, piensan las señoras, para lo que hace el coordinador, “mejor lo haríamos nosotras”.
El deterioro de Xochimilco, del que se lamentan prácticamente todos los entrevistados, incluye también la contaminación del río Santiago y el río San Lucas por los desechos del Reclusorio Sur (de hecho, es la única corriente que lleva el río porque el agua limpia se entubó); el bajo nivel del agua de los canales que surten a las chinampas; la contaminación de los canales, de los que todavía hace 50 años saltaban ranas hacia las trajineras –las barcas tradicionales- y con eso se juntaba para comer, la delincuencia y drogadicción juveniles derivadas de la falta de empleos y de la privatización de los deportivos públicos (“hasta 400 pesos les cobran por el partido de futbol”, denuncia Alberto Guerra), entre otros temas que preocupan a los habitantes.
Estos problemas, señalan en el acto, no son cosa de uno sólo de los pueblos; afectarán al conjunto de originarios y avecindados de Xochimilco. “Esto apenas empieza”, sentenció uno de los oradores en el mitin.